SEGUNDA ETAPA VALENCIA-SANTIAGO:
una aventura cicloturista por los Pepes.
Hemos dejado atrás la provincia
de Castellón. ¡Ahí, Merx!, gritan los indígenas en los rastrojos y los turistas
desde el volante a Pepe Taberner, el último de la fila por razones técnicas,
que contesta latinajos entre dientes, acreditando así su condición de profesor
de esta “mala” lengua.
Nos encontramos en marcha hacia Teruel. Se endurece el músculo y aparece la agujeta. Afortunadamente el día de hoy transcurre sin percances. ¿Sin percances? ¿Adivinan Vds., dónde vamos a dar con nuestros huesos a la hora de comer?... ¡A la cárcel! Sí señor, a la cárcel provincial de delincuentes juveniles acompañados por la pareja de civiles. El Director ordena que nos den leña… ¡Leñe! ¡Esto se pone feo…! ¿Qué habrá pasado?
-
¿Habrán quemado el pajar? ¿Habrán saqueado la
escuela?…, pensarán ustedes. Nada de eso, sencillamente: El hijo del Director
del Penal estudió con nosotros y por su mediación nos facilitan todo lo
necesario para hacer una paella, primera de la serie.
Con tales calorías en el estómago
no hay dificultad para llegar al final de etapa.
Torremocha del Jiloca. Nuestro
afán cultural nos empuja a pernoctar en las escuelas entre mapas y pupitres.
Por la calle, una mamá inquieta porque se hace tarde, llama a un rapaz de la
turba que nos rodea: ¡”Santiago! ¡Santiago!” Y Luis Gómez Pérez contesta muy
satisfecho como si a él le hablasen: “Sí, señora, y en bicicleta”. La risa hace
estragos.
De cena, un monstruoso hervido
preparado por una buena mujer y para desengrasar, ¡hala! A la tele de la
escuela a olvidarse del sillín: enchufar y aparecer el Tour de Francia, todo es
uno. ¡Toma del frasco, Carrasco!
¡Rayos y truenos! Eso es lo que
observan algunos a través de la cristalera, mientras intentan pegar ojo,
amedrentados por los ronquidos de otros que compiten en fragor con el estrépito
de la tormenta.
Fin de la Segunda Etapa:
BARRACAS-TORREMOCHA DEL JILOCA. Pep de
L’Horta.
CRÓNICA DE LA SEGUNDA ETAPA a cargo del Ángel de la guarda.
Mis protegidos se levantan puntualmente a las siete. Yo que soy su Ángel de la guarda y no necesito dormir, digo verdad.
Desayunan leche y mermelada. Limpia la vajilla el grupo encargado dirigido por José Taberner. Cargan la furgoneta el grupo de intendencia: Luis Miró, Pepe Estela, Vicente Chaqués y Juan Antonio Castelló. Ayuda voluntaria abundante. Foto recuerdo. Despedida del Alcalde de Barracas. Sale el pelotón a las 8,30. Acompaña la policía de tráfico perfectamente. Algunos se resienten de las piernas. Falta entrenamiento. El pedaleo constante y rítmico irá ayudando. Gran dificulta en la subida a Sarrión. El Cate (responsable del grupo) se enfada.
- - Ángel, no te enfades, que es cosa de juventud el
querer lucirse adelantando en las subidas.
Ángel escucha mi sugerencia y
hace propósitos. Pero no lo cumplirá muy bien. Tengo experiencia.
Puebla de Valverde. Almuerzo.
Precioso pueblo. Algunos se dan una vuelta por la iglesia y sitios pintorescos,
mientras mordisquean las galletas, el pan, la fruta o el jamón. Hay quien ya ha
comprado un par de abarcas en Barracas. Alguno lo imita aquí. Es un calzado
típico de pastores y gente humilde de la zona, hecho de gomo de rueda de
camión. Junto a la fuente donde almuerzan mis pupilos, un señor amigo de los
salesianos está arreglando su 600.
Reanudada la marcha, descendemos el puerto de
Escandón (1242 m.) Volamos. Yo vuelo por ser ángel, pero ellos vuelan sobre las
bicicletas. 60. 70 km. por hora marca un coche. Lo mismo marca la furgoneta y
no alcanza a los ciclistas. Doy fe y tengo miedo de tener que hacer horas
extraordinarias en alguna clínica. Utilizo el sistema preventivo de D. Bosco y no
pasa nada: la carretera está nueva y magníficamente alquitranada.
Llegan a Teruel y yo con ellos.
Visitamos al Sr. Alcalde y los recibe el sustituto. Van a la Radio y dejan una
nota tras un largo rato de espera que sirve de magnífico descanso. Los señores
Amaro les acogen en su casa. Magnífica acogida de estos amigos. El Sr. Amaro es
director de la Prisión de Teruel, convertida en Escuela de Capacitación para
los jóvenes delincuentes allí retenidos. Habla en agradable conversación de sus
preocupaciones, de los éxitos obtenidos con el trabajo y la dedicación de un
buen equipo de educadores. Nos enseña las obras magníficas realizadas por los
jóvenes del Centro. De cómo la delincuencia tiene su raíz en familias deshechas
casi siempre y de cómo la sociedad, que suele mirar mal a “los carceleros” rechaza
luego a los jóvenes ya reeducados, facilitándoles de una forma absurda, con el
rechazo, la reincidencia en el delito. Tras una grata conversación y un
aperitivo servido por el ama de la casa y degustado por los profesores,
mientras los chicos preparan los utensilios de cocina y repasan las bicis, se
hace la “paella”, el plato valenciano que hace las delicias de propios y
extraños. Allí mismo, en pleno campo es cocinada la primera paella de la
peregrinación. Paella para 24, de la que se dará cuenta sin dejar rastro.
Paella y ensalada de tomate con olivas: he ahí un menú que gusta a estos
muchachos.
El grupo sale a las 5. Muchos se
quedan con ganas de visitar la cárcel que guarda a toda la juventud delincuente
de España. Pasamos por Villarquemado a las 6. Llegamos a Torremocha, fin de
etapa a las 6.15. Han hecho una media superior a la calculada. Están en forma.
Pepe Taberner, en la furgoneta por agujetas. Juan Cardona, por avería en su
máquina, le coge la bici.
Torremocha del Jiloca. De “cólera”
nada. Nos acoge fantásticamente el señor maestro. Dormimos en la escuela.
Tenemos TV. Vienen niños al reclamo de las bicis. Chicos y grandes se hacen
amigos. Hay buena fuente en el pueblo. No hay agua en la escuela, aunque están
montados todos los servicios higiénicos. Son cosas que pasan. Se trae agua. El
Sr. Maestro se desvive. Los chicos y profesores, magníficamente atendidos por
el párroco van a la parroquia a decir misa de peregrinos. Es una hermosa
iglesia antigua. La liturgia de la palabra intenta, sin conseguirlo, ser una
revisión del día a la luz de Jesucristo. Una señora les hace un hervido estupendo
para cenar. Es devorado a la luz del petromax, porque hay tormenta y no va la
luz. Vuelve la luz. Los ciclistas aprovechan para ver a Mercx. Ocaña aún no ha destacado.
Los niños de los pueblos, al ver pasar a los ciclistas gritan: “Mercx…”
En la revisión del grupo en los
comentarios de la etapa, surge la anécdota del día: un grupo de ciclistas va
por leche para la cena y el desayuno del día siguiente. Acompaña al grupo un
montón de críos del pueblo, que sueñan con vestirse como ellos. Los ciclistas
van satisfechos de su hazaña, de la admiración que despiertan en la gente
menuda y en las niñas de 13 a 15 años. Una mamá, inquieta porque se hace tarde,
llama a uno de los mocosos: “¡Santiago, Santiago!”, y Luis Gómez Pérez contesta
muy satisfecho, como si a él le hablasen: “Sí, señora, y en bicicleta”. La risa
del grupo no es para describir. Yo, como ángel, me he sonreído, y he
aprovechado el sueño de mi tocayo, jefe del pelotón y poeta ripioso, para
copiarle esta copla que cierra mi crónica de hoy:
TORREMOCHA DEL JILOCA.
Torremocha
del Jiloca, / con iglesia y olmo inmenso,
Mil
golondrinas te siegan / las nubes en cielo terso.
En
esa fuente tan clara / junto al olmo enorme y viejo
Junto
a tu cura y tu iglesia, / junto a tus hombres bien recios,
Junto
a tus buenas mujeres, / a tus niños y maestro.
Yo
quisiera, Torremocha, / quisiera volver de nuevo.
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