jueves, 3 de septiembre de 2020

TERCERA ETAPA VALENCIA-SANTIAGO.

 

TERCERA ETAPA VALENCIA-SANTIAGO, a cargo de los Pepes o Pep d L’HORTA.

Esto va sobre ruedas. La media de velocidad de los ciclistas aumenta escandalosamente. Se acelera más y más.

¿Acaso esperan el ramo de flores y el beso de la guapa de turno? ¡Qué ritmo, qué entusiasmo! El amor mueve montañas…el amor a la cabeza de cordero nimbada de longanizas y otras ricuras que nos aguardan en el matadero industrial de Calamocha. Los directivos de esta empresa, valencianos y conocidos nuestros, nos habían prometido -si llegábamos con vida- el apetitoso menú para almorzar. Y… ¿quién no corre, con tal señuelo?

“¡Estas morcillas están riquísimas!”, apunta el jefe de la expedición, mientras hinca el diente a la más gorda. “Pero no comáis”, añade, “son pesadas para el hígado”. Tras estas convincentes palabras, todos seguimos su ejemplo. No solamente podemos rebañar los platos, sino también

Una vez saciados y convencida la empresa de que no peligran sus productos, pasan a mostrarnos sus dependencias: ¡miles de jamones, aromáticos chorizos y sonrosadas mortadelas…!

No solamente podemos rebañar los platos, sino también nuestros cuerpos, al llegar a Daroca. El Alcalde nos ofrece gratuitamente la piscina municipal. El almuerzo y la natación embotan nuestras fuerzas y la alegre carrera degenera en funeral.

Pero no podemos dormirnos en los laureles, pues los astutos motoristas enchufan las sirenas con gran susto por nuestra parte… y de ciertos camioneros que prudentemente reducen su marcha. Ante la expectación despertada entre los vecinos, arreamos de firme para no hacer el “ridi”. Una embajada juvenil de Calatayud sale a nuestro encuentro, para filmarnos y animarnos con pancartas en valenciano. Arropados entre sus coches y ciclistas y en olor de multitud, entramos en la ciudad.

Una animada convivencia con estos muchachos fructifica en promesa de unión con nosotros para próximas aventuras cicloturistas.

Gran acogida, gran piscina, gran gente aquella y a dormir a “La Pera”, antiguo mercado de frutas –de ahí el nombrecito- convertido en sicodélica sala de baile. Allí, después de cenar, en desaforado frenesí nos entregamos a la danza…del sueño.

De Daroca descendimos / a toda velocidad: / Iba la “poli” delante, / todos íbamos detrás. /

La “poli” lleva sirena, /  no la deja de tocar: / la gente sale aplaudiendo, / no podemos defraudar.

Fin de la Tercera Etapa: TORREMOCHA DEL JILOCA-CALATAYUD.  Pep de L’HORTA.


CRÓNICA DE LA TERCERA ETAPA, a cargo del Ángel de la guarda.

TORREMOCHA DEL JILOCA. Los chicos se levantan puntualmente a las 7. Algunos a las 6,30. Ayer se acostaron a las 11,30 y han dormido poco tiempo, aunque intensamente. El suelo es duro, pero se van acostumbrando. Salen a las 8…y pico. El pico es largo.

La carretera está en buenas condiciones. El terreno es llano. La hilera verdirroja alcanza una notable velocidad. Pasa la numeración de cola a cabeza: 19,18, 17… Más deprisa…Más despacio. Una caída tonta, por exceso de confianza de Martínez Más. Unos rasguños. Nada de importancia. El Cate que amonesta, estilo suegra con mal genio.

-          Pero, Ángel, no te enfades-, le digo. De nada sirven mis advertencias. Hasta que caiga él no aprenderá. Pero con eso de que lleva la bici de René Marigil, no hay quién le tosa.

Llegamos a Calamocha a la hora prevista. Se han adelantado 40 minutos. Almuerzo suculento tras, un recibimiento apoteósico en “Matinsa” de Anselmo Gil. Por gestiones de la familia Miralles, provisor gratuito de “Arroz Miralles” para el grupo, nos obsequiaron a los componentes del grupo con un suculento almuerzo a base de cabezas de cabezas de cordero asadas, embutidos, ensalada, bebidas…A continuación, al matadero. Vemos con admiración cómo se despellejan las reses, tras ser apuntilladas, cómo se descuartizan… Vemos las cámaras y los secaderos de jamones… Algo impresionante. Hay que ver lo que hacen los hombres para comer bien. Los ángeles de eso no sabemos nada.

Ángel y Luis, los sacerdotes del grupo, visitan a su amigo y compañero Amado Lucia. Perdón, visitan a la familia, porque D. Amado hace años que está en el Neuquén, Argentina. Yo voy con ellos y tengo el gusto de ver una familia digna de tener un misionero entre los hermanos: verdaderamente sencillos y amables. Luis y Ángel escriben unas letras a Amado desde su pueblo.

La visita, el almuerzo en Matinsa… Resultado: llegan a Daroca con retraso. Pero a tiempo de visitar la iglesia y los Corporales. Los ciclistas se juntan a un grupo de scouts y de guías. Daroca es, toda, un monumento. Buena acogida del Sr. Cura. El Sr. Alcalde, muy amable, pone a nuestra disposición las piscinas municipales. Un baño con ese sol y una comida fresca les reconfortan. Me da envidia de no ser hombre, porque no puedo bañarme como ellos. Debe ser extraordinario zambullirse desde el trampolín. Salida a las cinco para Calatayud. Esta ruta la equivocaron los organizadores. Lo pagarán las piernas. Pero ganarán en experiencias humanas. No hay m al que por bien no venga. La policía de tráfico acompaña tocando la sirena y parando todo el tráfico. Aquello parece una verdadera carrera. El pelotón en fila se lanza a tumba abierta. Hay que quedar bien ante las sencillas gentes de los pueblos que salen al estruendo de la sirena para aplaudir a los “corredores”. Y, de veras, que ya lo van pareciendo… Tal es la velocidad. A 15 o 10 km. de Calatayud esperan un grupo de jóvenes con dos 600 y bicis. Filman. Llevan pancartas. En una, de la trasera de un 600, Ángel lee emocionado y cobrando fuerzas que trasmite a los que lo siguen a todo pedal: “La juventud bilbilitana os saluda. Ja arribeu”.

Los jóvenes cristianos y unos sacerdotes de Calatayud llevan a mis ciclistas a la Ciudad Deportiva. Magníficas instalaciones de campos de deporte y piscinas. La gente se ducha, se baña, se refresca. Luego misa dominical con esta magnífica juventud bilbilitana. Luego una amable convivencia con cambio de impresiones. Cena y descanso en una sala de fiestas con luces de colores: “La Pera”. Hay mucho sueño y se ha vuelto a hacer tarde. Buen jamón de Calamocha para cenar. Entre sueños reconstruyo ciertas conversaciones: “Chicas guapas y simpáticas. Calatayud disminuye. Juventud inquieta. Falta industria. Jóvenes que emigran. Caciquismo”. Ángel no se duerme hasta las 12. Ha tenido que ir casi toda la segunda media etapa con el piño pequeño, por rotura de la manecilla del cambio. La bici de René también se rompe. Pero aún le ha quedado humor para escribir:

De Daroca a Calatayud: Daroca, ciudad hermosa, / antigua y monumental, / una roca te protege /

Que no te quiere aplastar. / De Daroca descendimos / a toda velocidad: / Iba la “poli” delante, / todos íbamos detrás. / La “poli” lleva sirena / no la deja de tocar: / La gente sale aplaudiendo, / no podemos defraudar. / De Calatayud espera / juventud de cristiandad / y somos bien acogidos / en muy fraterna amistad. / Secas tierras te rodean,/ eres jugosa y un mar / de verdes tierras crujientes / te dejaron arraigar. / Yo no quiero que tus hombres / por egoísmos quizás, / en vez de hacerte más grande, / te hagan morir de pesar.


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