viernes, 28 de agosto de 2020

PRIMERA ETAPA VALENCIA-SANTIAGO, 1 de Julio de 1971.

 

PRIMERA ETAPA VALENCIA SANTIAGO, por los pepes de Pep de l’Horta.

-¿A Santiago en bicicleta? ¿Y por Pamplona? ¡Locos! ¡No pasaréis ni el Ragudo...!

Pues sí, veinte jóvenes estudiantes, no todos estudiosos, y cuatro jóvenes profesores, algo chiflados, hemos pasado el Ragudo y otros huesos peores, como comprobarás, amable lector, a lo largo de nuestros diarios cronicones.


Olvidemos los tres meses de oscuro trabajo y crueles incomprensiones, concienzuda planificación y búsqueda de medios. Pasemos por alto los mil kilómetros por barba de entrenamientos diarios y dominicales. Ya tenemos los maillots -financiados por D. Luis Puig-, las bicis -¡de cuarta mano! (¡y hay manos que parecen pies!)- y una furgoneta del Colegio Salesiano llena de bártulos y vestida con una gran Señera y una pancarta que pone: “Valencia-Santiago en bici”.

Tras misa y fotografía, nos lanzamos a la vía. Nos han despedido los familiares de los chicos, la Comunidad Salesiana, el Presidente de la Federación Nacional de Ciclismo, D. Luis Puig y el Secretario de la Federación Provincial, D. Lorenzo Raga.  

Pero ¡ay! No todo son alegres despedidas. También hay ruedas que se descentran, tubulares que se pinchan, aterrizajes en la carretera…

La serpiente multicolor avanza arrolladora a golpe de pedal. La hinchada familiar, cual perfectos extras de película barata se ha ido adelantando para aplaudir al paso del pelotón repetidas veces. ¡Qué furia, qué velocidad!, exclaman los aterrorizados caracoles… ¡A este paso, en dos días en Pamplona!, piensan los protagonistas.

¡CATAPLUM! A Carbonell, el rubio melenudo, se le ha salido el tubular y sus inmediatos seguidores, en un alarde de cariño, se precipitan a abrazarle con bicis y todo. Polvo, bicicleta y carne el pelotón se enfada.

Mientras se reparan las averías y menudean los improperios, llega Miralles, personaje despistadillo, que al parecer quedó olvidado en un semáforo. Al reanudar la marcha el zancudo Giner se nota muy sofocado. Sus esfuerzos energuménicos para mantener el tren resultan vanos. ¡Y tan fuerte que parecía…! Empujones e imprecaciones, hasta que el chaval dice que ¡nones! Al cabo de diez kilómetros observa que, a raíz de la caída general, lleva la rueda frenada.

Con la escolta de la Guardia Civil aparece la tranquilidad sólo nublada por el fantasma del Ragudo (1000m).

Hemos comido en Viver, e iniciamos la escalada en plena digestión, lo que nos resta fuerza para subir y nos la da para bajar… de la bicicleta, ¡claro!, gente astuta busca el atajo, bicicleta al hombro, por los espinosos cardos, pero extraviados y con las piernas arañadas regresan al asfalto cabizbundos y meditabajos. Otros, menos arriesgados, continúan ascendiendo trecho a pie, trecho en bici.

Arriba del puerto, a donde han llegado sin apearse, observan divertidos el penoso deambular de sus compañeros Carbonell, Martínez Gómez (entre nosotros el “Caballo”), y D. Ángel Fabregat, que salva el honor del profesorado. Por cierto, la furgoneta -Arca de Noé-, tiene que recoger la caja de herramientas y la bici de recambio, que, en la precipitación de la salida, quedaron en Valencia y son gentilmente acercadas a Viver por nuestro sicólogo particular.

Las escuelas de Barracas son nuestro comedor y nuestro lecho. Bueno, algunos prefirieron un pajar vecino.

Fin de la Primera Etapa: Valencia-Barracas, 100 km.      PEP DE L’HORTA. (José Taberner y José Estela).


CRÓNICA DE LA PRIMERA ETAPA A CARGO DEL ÀNGEL DE LA GUARDA.

-          ¡Locos! ¿A Santiago en bicicleta?... No llegaréis ni al Ragudo…

Estas frases resonaban aún en los oídos de Luis Miguel Bayo, universitario de 18 años, uno de los componentes del grupo.

Se preguntará el lector quién le narra esta historia, que de historia se trata, que no de cuento.

Ya te he presentado, amigo lector, en el Prólogo al Cincuentenario, el grupo, su ambiente y su proyecto, hoy ya realizado.

-          “¡Locos! Ideas de colegial. Con niños y sólo una furgoneta, ¿a Santiago? No llegáis ni a Teruel…”

La idea toma forma. Trasciende al Colegio. Las frases se hacen menos duras. No todos opinaban así. Yo, el Ángel de la guarda de este grupo de esforzados jóvenes, desde mi nube, contemplé –durante dos meses- los entrenos: vueltas y más vueltas al patio asfaltado, todas las mañanitas hurtándose al sueño, duras etapas de ida y vuelta todos los sábados y domingos con bicicletas pesadas, sin condiciones. Los músculos se fueron endureciendo.

Sorprendí también a René Marigil en el colegio. Daba consejos, proponía metas. Aportaba su experiencia de profesional. Yo leía en su pensamiento: “Es posible. Apuesto a que lo consiguen”, repetía. Vi cómo el “cerebro”, Vicente Chaqués, iba y venía, del colegio a la federación valenciana de ciclismo, de D. Lorenzo Raga a D. Luis Puig, del Sr. Alcalde a la Diputación, arreglando papeleos, buscando ayudas… Asociación de Padres de Familia del Colegio Salesiano, Jefatura de Tráfico… Trazaron el itinerario, buscaron bicicletas de carrera de segunda mano. Pensaron en el apoyo de una marca comercial para cubrir gastos y, ahorrando, con vida austera, durmiendo en el duro suelo, poder entregar algo a otros más necesitados, como ofrenda al Apóstol.

Reuniones. En una de ellas trataron esta última cuestión: ¿Aceptar la ayuda económica a cambio de propaganda cubriendo todos los riesgos, o costear la peregrinación con sus escasos medios y las ayudas voluntarias de las entidades oficiales y las buenas gentes que encontraran en su peregrinar? ¿Pactar con la sociedad de consumo y su engranaje comercial o vivir la experiencia excitante, cristiana, humana de compartir fraternalmente lo que personas desinteresadas pueden ofrecer a un grupo de peregrinos jóvenes que, a su vez, ofrecen lo poco que tienen? Venció esta segunda postura y la Crónica de los días próximos, amigo lector, te demostrará que la elección de estos jóvenes fue buena. Voy a contarte lo que pasó el día 1 de julio, día de nuestra salida oficial desde el Colegio.

Animación en el patio asfaltado del Colegio Santo Domingo Savio. A las siete de la mañana sorprendo por allí a D. Luis Puig, D. Lorenzo Raga, René Marigil, padres de familia con sus hijos… Ya ayer vi trabajar intensamente a Vicente Martínez, “El Belga”, (hijo) que ha prometido ir de mecánico de la expedición. Todas las bicicletas están a punto. “El Belga” ha trabajado intensamente. Tiene conseguido el permiso militar para unirse a la expedición el día dos, mañana. Las bicicletas no son muy buenas, casi todas de segunda mano. Orbea ha regalado una de media carrera que sufrirá el peso de Daniel Tormo y acabará con un montón de radios rotos y cambiados. Robima ha regalado otra. Pero no quiero anticipar acontecimientos.

A las 7,30 en una capilla concelebran una misa Luis Miró, David Churio, Jesús Gómez Juanillo, Juan Montesinos y Ángel Fabregat. En los confesionarios sorprendo a D. José Luis Labiano (encargado nacional de la Pastoral Salesiana) y D. Jesús Cañete. Todos sacerdotes amantes del deporte y la alegría. Entre la gente veo a los ciclistas (cicloturistas) con sus maillots verdes, o rojos, con el escudo de la Ciudad de Valencia flamante sobre el corazón y con un letrero claramente legible en la espalda: “Salesianos”. Todo este atuendo ha sido confeccionado a marchas forzadas por las Hijas de María Auxiliadora, encargadas de la ropería del colegio. Veo entre la gente también a muchos padres de familia, a D. Lorenzo Raga. En la breve homilía se repiten en parte los buenos consejos sobre circulación y humilde dosificación de esfuerzos que ayer dio a última hora en sesión intensa, ante una bellísima filmación de la Vuelta a Levante D. Lorenzo a los muchachos. Terminada la misa, intensamente participada por los peregrinos, se desayuna. Últimos toques. Últimos olvidos. Por más que grito nadie me oye: “que os olvidáis el material de reparaciones y las tenues láminas de espuma para dormir en el suelo sin tanta humedad…”

Con media hora de retraso, a las 8,30, tras las fotos de rigor, se da la salida oficial. D. Luis Puig despide al grupo. Los padres, aleccionados, sacan los pañuelos. Hay alegría y cierto miedo.  Aún hay quien teme: “Del Ragudo tal vez pasen, pero de Piedrafita…Locos…Locos… ¡Si son unos niños!”. Se olvidan del barbudo que abre marcha. Lleva una bicicleta especial. Durante el desayuno he visto a René Marigil dar vueltas con una bicicleta. Lo he visto orgulloso, melancólico, como un niño con zapatos nuevos, mirando y remirando los cambios. Luego he oído a mi amigo Ángel, el barbudo que controla al pelotón como sacerdote y profesor responsable: “Es la bicicleta de René Marigil. La guardaba como trofeo y recuerdo del Tour 1959, cuando Bahamontes fue campeón. Al saber de nuestra penuria de material no ha dudado un instante. La ha puesto en condiciones para completar el equipo. Es una gran bicicleta histórica”.

Una vez salidos por la puerta grande y enfilada la carretera de Barcelona, me dispongo a entrar en funciones. Varios coches forman detrás de los muchachos. La furgoneta escoba del colegio cierra la marcha un rato más tarde con un gran letrero en el lado interior de la carretera que advierte: “Valencia Santiago en bici”. Detrás lleva una flamante Señera. Casi no me da tiempo de empezar a actuar y en Masamagrell, cae Manolo. Se le ha salido el tubular mal pegado. Tras Manolo Carbonell caen varios. Me desprestigio. A partir de ese momento, que se convierte en una hora de reparaciones, porque Miralles también ha tenido avería, Jaime Giner sigue durante ocho kilómetros con la rueda descentrada y frenada. Se agota en un inútil esfuerzo por no quedar rezagado. Queda para el arrastre. Pasado el cruce4 de Sagunto a Teruel, sugiero a mi tocayo de cabeza que espere. Se acerca la señora de José Estela, el profesor de latín y griego, chófer de la furgoneta y sugiere soluciones. Tras no mucha espera, se rehace el pelotón y la furgoneta cierra la marcha. Se han terminado los aplausos de aliento de los incondicionales capitaneados por la familia Miralles. Cual perfectos extras de películas baratas se han ido adelantando para aplaudir al paso de la serpiente multicolor repetidas veces.

Al entrar en la provincia de Castellón me siento aliviado. La pareja de la Policía de Tráfico con su uniforme verde y sus motos poderosamente negras esperan dos horas ya al pelotón. Nadie diría que bajo esos uniformes verdes se esconden verdaderos ángeles de la carretera. Los saludo cordialmente y les paso la mano por la cabellera con una suave brisa. Hay una parada tras una cuesta. Un coche de Danone se acerca solícito y todos toman su buena ración, menos la “poli”. En Segorbe, ya muy cansados, parada y fonda. Se reagrupa el pelotón. Las primeras malas caras. Los exámenes y unos días de vacación han roto el ritmo de entrenos y algunos ya no pueden con su alma. ¿Tendrán razón los pesimistas? Al ver aquellas caras, bajo un sol de justicia, al medio día, en Segorbe se vuelve a oír el estribillo: “Locos… ¿A Santiago en bicicleta y por Pamplona…? No pasáis el Ragudo”.

-          Pues lo pasaremos esta tarde en bici, a pie o como sea-, responde un amoscado mientras engulle el azúcar, la fruta, el agua y el limón.

Resuena en el aire la advertencia del Sr. Raga: “No bebáis más que una clase de agua mineral sin gas en todo el viaje”. Todas mis amonestaciones resultan inútiles. Allí todo el mundo bebe lo que le ponen delante. El limón y el azúcar hacen el resto.

Reemprendemos la ruta. La carretera arde. En Jérica un grupo se detiene a comprar. En cabeza no se enteran. Unos cuantos llegan a Viver con la policía que está mosca por la espera de dos horas y por esta rotura de pelotón. En Viver hay riquísima agua fresca. Unas buenas señoras la ofrecen de sus casas. Los ciclistas, a la sombra, por las aceras, sentados. El alguacil del pueblo se acerca. Recado del Sr. Cura: “Duchas preparadas en la Casa Rectoral. Comida apalabrada en un restaurante con piscina preciosa sombra”. Les acompaño. Comen bien por 70 pts. Cubierto: chuletas, ensalada, vino y cerezas. Tras la comida, el apetecido descanso. La siesta. El repaso de las bicicletas. Los primeros masajes a unos músculos convertidos en piedras.

A las 5, puntualmente, guiados por la pareja de la Guardia Civil de Tráfico, salen de Viver. Comienzan a sudar las primeras rampas. El equipo aún no está bien conjuntado. Siempre hay algún muchacho que quiere alardear de sus fuerzas. Pronto comienza el Ragudo. El grupo se deshace. La norma es “esperar en la cumbre subiendo cada uno a su ritmo”. Al poco rato hay algunos que se apean de la bicicleta. Otros toman el campo través subiendo por la recta con la bici al hombro. En la cumbre, balance: han coronado el puerto sin bajar de la bicicleta José Martínez Gómez, Manuel Carbonell y Ángel Fabregat.

Reunido el equipo, se enfila la recta suavemente descendente hacia Barracas. Se rueda a gran velocidad, como para vengarse de la humillación sufrida. La furgoneta nos adelanta. Vuelve a recoger la caja de herramientas que han reclamado mis ciclistas desde Viver. Un coche del Colegio la trae a los pies del Ragudo con las piezas de espuma para el suelo. El Sr. Alcalde de Barracas nos acoge. Yo no necesito descanso, pero estos muchachos y sus profesores están para el arrastre. Preparan la cena. Se hace una mesa redonda que resulta un “suelo redondo” en la escuela del pueblo. Se repasa la etapa, los fallos, los aciertos y, con propósitos de mejora, y tras una breve oración se echan a dormir sobre el duro suelo. Es un sueño un tanto inquieto, porque duelen las costillas y las caderas, todos los huesos que tocan el suelo en durísimo punto de apoyo. Pero las respiraciones son profundas, de cansancio, juventud, satisfacción y gracia de Dios. Yo, el Ángel de la Peregrinación doy fe de ello. Y no me resisto a copiar unos versos que he visto a Ángel en un momento de tranquilidad tras el aseo personal y los masajes:

EL RAGUDO: Cuesta arriba los forzados / por una cinta de fuego / de alquitrán hirviente, -lava- / van subiendo por los cerros: / cerros de empinadas cuestas, / duros cerros verdinegros. / Todos comienzan la cuesta, / pocos terminan los cerros, / todos suben, muchos bajan, / todos llegan muy deshechos: / los que coronan la cima / sonríen con gran contento. / Los guardias que nos escoltan / lo que ven no creen cierto, / porque admiran a estos chicos / que llevan bien pelo en pecho, / aunque tenga trece años / el que parece más tierno. / En la cena algunas niñas / nos ayudan en el pueblo. / Hemos llegado a Barracas: / el señor Alcalde es bueno.

2 comentarios:

  1. Como escribió D. Luis Gil, de su puño y letra, en el "Libro de Oro de la Peregrinación": "Valencia - Santiago: Gran hazaña del cicloturismo valenciano" Seguiremos la ruta para avivar nuestros recuerdos...Gracias, Ángel.

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  2. Gracias, Pepe. Continuará hasta completar la historia o memoria personal de algunos que entre todos podemos llegar a algo serio, a una verdadera Historia de unos alocados entusiastas. Un abrazo.

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