PRIMERA ETAPA VALENCIA SANTIAGO, por los pepes de Pep de l’Horta.
-¿A Santiago en bicicleta? ¿Y por Pamplona? ¡Locos! ¡No
pasaréis ni el Ragudo...!
Pues sí, veinte jóvenes estudiantes, no todos estudiosos, y cuatro jóvenes profesores, algo chiflados, hemos pasado el Ragudo y otros huesos peores, como comprobarás, amable lector, a lo largo de nuestros diarios cronicones.
Olvidemos los tres meses de oscuro trabajo y crueles incomprensiones, concienzuda planificación y búsqueda de medios. Pasemos por alto los mil kilómetros por barba de entrenamientos diarios y dominicales. Ya tenemos los maillots -financiados por D. Luis Puig-, las bicis -¡de cuarta mano! (¡y hay manos que parecen pies!)- y una furgoneta del Colegio Salesiano llena de bártulos y vestida con una gran Señera y una pancarta que pone: “Valencia-Santiago en bici”.
Tras misa y
fotografía, nos lanzamos a la vía. Nos han despedido los familiares de los
chicos, la Comunidad Salesiana, el Presidente de la Federación Nacional de
Ciclismo, D. Luis Puig y el Secretario de la Federación Provincial, D. Lorenzo
Raga.
Pero ¡ay! No todo
son alegres despedidas. También hay ruedas que se descentran, tubulares que se
pinchan, aterrizajes en la carretera…
La serpiente
multicolor avanza arrolladora a golpe de pedal. La hinchada familiar, cual
perfectos extras de película barata se ha ido adelantando para aplaudir al paso
del pelotón repetidas veces. ¡Qué furia, qué velocidad!, exclaman los aterrorizados
caracoles… ¡A este paso, en dos días en Pamplona!, piensan los protagonistas.
¡CATAPLUM! A
Carbonell, el rubio melenudo, se le ha salido el tubular y sus inmediatos
seguidores, en un alarde de cariño, se precipitan a abrazarle con bicis y todo.
Polvo, bicicleta y carne el pelotón se enfada.
Mientras se
reparan las averías y menudean los improperios, llega Miralles, personaje
despistadillo, que al parecer quedó olvidado en un semáforo. Al reanudar la
marcha el zancudo Giner se nota muy sofocado. Sus esfuerzos energuménicos para mantener
el tren resultan vanos. ¡Y tan fuerte que parecía…! Empujones e imprecaciones,
hasta que el chaval dice que ¡nones! Al cabo de diez kilómetros observa que, a
raíz de la caída general, lleva la rueda frenada.
Con la escolta
de la Guardia Civil aparece la tranquilidad sólo nublada por el fantasma del
Ragudo (1000m).
Hemos comido
en Viver, e iniciamos la escalada en plena digestión, lo que nos resta fuerza
para subir y nos la da para bajar… de la bicicleta, ¡claro!, gente astuta busca
el atajo, bicicleta al hombro, por los espinosos cardos, pero extraviados y con
las piernas arañadas regresan al asfalto cabizbundos y meditabajos. Otros,
menos arriesgados, continúan ascendiendo trecho a pie, trecho en bici.
Arriba del
puerto, a donde han llegado sin apearse, observan divertidos el penoso deambular
de sus compañeros Carbonell, Martínez Gómez (entre nosotros el “Caballo”), y D.
Ángel Fabregat, que salva el honor del profesorado. Por cierto, la furgoneta -Arca
de Noé-, tiene que recoger la caja de herramientas y la bici de recambio, que,
en la precipitación de la salida, quedaron en Valencia y son gentilmente
acercadas a Viver por nuestro sicólogo particular.
Las escuelas
de Barracas son nuestro comedor y nuestro lecho. Bueno, algunos prefirieron un
pajar vecino.
Fin de la Primera
Etapa: Valencia-Barracas, 100 km. PEP DE L’HORTA. (José Taberner y José Estela).
CRÓNICA DE LA PRIMERA ETAPA A CARGO DEL ÀNGEL DE LA GUARDA.
-
¡Locos! ¿A Santiago en bicicleta?... No
llegaréis ni al Ragudo…
Estas frases resonaban aún en los
oídos de Luis Miguel Bayo, universitario de 18 años, uno de los componentes del
grupo.
Se preguntará el lector quién le
narra esta historia, que de historia se trata, que no de cuento.
Ya te he presentado, amigo lector,
en el Prólogo al Cincuentenario, el grupo, su ambiente y su proyecto, hoy ya
realizado.
-
“¡Locos! Ideas de colegial. Con niños y sólo una
furgoneta, ¿a Santiago? No llegáis ni a Teruel…”
La idea toma forma. Trasciende al
Colegio. Las frases se hacen menos duras. No todos opinaban así. Yo, el Ángel
de la guarda de este grupo de esforzados jóvenes, desde mi nube, contemplé –durante
dos meses- los entrenos: vueltas y más vueltas al patio asfaltado, todas las
mañanitas hurtándose al sueño, duras etapas de ida y vuelta todos los sábados y
domingos con bicicletas pesadas, sin condiciones. Los músculos se fueron
endureciendo.
Sorprendí también a René Marigil
en el colegio. Daba consejos, proponía metas. Aportaba su experiencia de
profesional. Yo leía en su pensamiento: “Es posible. Apuesto a que lo consiguen”,
repetía. Vi cómo el “cerebro”, Vicente Chaqués, iba y venía, del colegio a la
federación valenciana de ciclismo, de D. Lorenzo Raga a D. Luis Puig, del Sr.
Alcalde a la Diputación, arreglando papeleos, buscando ayudas… Asociación de
Padres de Familia del Colegio Salesiano, Jefatura de Tráfico… Trazaron el
itinerario, buscaron bicicletas de carrera de segunda mano. Pensaron en el
apoyo de una marca comercial para cubrir gastos y, ahorrando, con vida austera,
durmiendo en el duro suelo, poder entregar algo a otros más necesitados, como
ofrenda al Apóstol.
Reuniones. En una de ellas trataron esta última cuestión: ¿Aceptar la ayuda económica a cambio de propaganda cubriendo todos los riesgos, o costear la peregrinación con sus escasos medios y las ayudas voluntarias de las entidades oficiales y las buenas gentes que encontraran en su peregrinar? ¿Pactar con la sociedad de consumo y su engranaje comercial o vivir la experiencia excitante, cristiana, humana de compartir fraternalmente lo que personas desinteresadas pueden ofrecer a un grupo de peregrinos jóvenes que, a su vez, ofrecen lo poco que tienen? Venció esta segunda postura y la Crónica de los días próximos, amigo lector, te demostrará que la elección de estos jóvenes fue buena. Voy a contarte lo que pasó el día 1 de julio, día de nuestra salida oficial desde el Colegio.
Animación en el patio asfaltado
del Colegio Santo Domingo Savio. A las siete de la mañana sorprendo por allí a
D. Luis Puig, D. Lorenzo Raga, René Marigil, padres de familia con sus hijos…
Ya ayer vi trabajar intensamente a Vicente Martínez, “El Belga”, (hijo) que ha
prometido ir de mecánico de la expedición. Todas las bicicletas están a punto. “El
Belga” ha trabajado intensamente. Tiene conseguido el permiso militar para
unirse a la expedición el día dos, mañana. Las bicicletas no son muy buenas,
casi todas de segunda mano. Orbea ha regalado una de media carrera que sufrirá
el peso de Daniel Tormo y acabará con un montón de radios rotos y cambiados.
Robima ha regalado otra. Pero no quiero anticipar acontecimientos.
A las 7,30 en una capilla concelebran
una misa Luis Miró, David Churio, Jesús Gómez Juanillo, Juan Montesinos y Ángel
Fabregat. En los confesionarios sorprendo a D. José Luis Labiano (encargado
nacional de la Pastoral Salesiana) y D. Jesús Cañete. Todos sacerdotes amantes
del deporte y la alegría. Entre la gente veo a los ciclistas (cicloturistas)
con sus maillots verdes, o rojos, con el escudo de la Ciudad de Valencia
flamante sobre el corazón y con un letrero claramente legible en la espalda: “Salesianos”.
Todo este atuendo ha sido confeccionado a marchas forzadas por las Hijas de
María Auxiliadora, encargadas de la ropería del colegio. Veo entre la gente
también a muchos padres de familia, a D. Lorenzo Raga. En la breve homilía se
repiten en parte los buenos consejos sobre circulación y humilde dosificación
de esfuerzos que ayer dio a última hora en sesión intensa, ante una bellísima
filmación de la Vuelta a Levante D. Lorenzo a los muchachos. Terminada la misa,
intensamente participada por los peregrinos, se desayuna. Últimos toques.
Últimos olvidos. Por más que grito nadie me oye: “que os olvidáis el material
de reparaciones y las tenues láminas de espuma para dormir en el suelo sin
tanta humedad…”
Con media hora de retraso, a las
8,30, tras las fotos de rigor, se da la salida oficial. D. Luis Puig despide al
grupo. Los padres, aleccionados, sacan los pañuelos. Hay alegría y cierto miedo. Aún hay quien teme: “Del Ragudo tal vez
pasen, pero de Piedrafita…Locos…Locos… ¡Si son unos niños!”. Se olvidan del
barbudo que abre marcha. Lleva una bicicleta especial. Durante el desayuno he
visto a René Marigil dar vueltas con una bicicleta. Lo he visto orgulloso,
melancólico, como un niño con zapatos nuevos, mirando y remirando los cambios.
Luego he oído a mi amigo Ángel, el barbudo que controla al pelotón como
sacerdote y profesor responsable: “Es la bicicleta de René Marigil. La guardaba
como trofeo y recuerdo del Tour 1959, cuando Bahamontes fue campeón. Al saber
de nuestra penuria de material no ha dudado un instante. La ha puesto en
condiciones para completar el equipo. Es una gran bicicleta histórica”.
Una vez salidos por la puerta
grande y enfilada la carretera de Barcelona, me dispongo a entrar en funciones.
Varios coches forman detrás de los muchachos. La furgoneta escoba del colegio
cierra la marcha un rato más tarde con un gran letrero en el lado interior de
la carretera que advierte: “Valencia Santiago en bici”. Detrás lleva una
flamante Señera. Casi no me da tiempo de empezar a actuar y en Masamagrell, cae
Manolo. Se le ha salido el tubular mal pegado. Tras Manolo Carbonell caen
varios. Me desprestigio. A partir de ese momento, que se convierte en una hora
de reparaciones, porque Miralles también ha tenido avería, Jaime Giner sigue
durante ocho kilómetros con la rueda descentrada y frenada. Se agota en un inútil
esfuerzo por no quedar rezagado. Queda para el arrastre. Pasado el cruce4 de
Sagunto a Teruel, sugiero a mi tocayo de cabeza que espere. Se acerca la señora
de José Estela, el profesor de latín y griego, chófer de la furgoneta y sugiere
soluciones. Tras no mucha espera, se rehace el pelotón y la furgoneta cierra la
marcha. Se han terminado los aplausos de aliento de los incondicionales
capitaneados por la familia Miralles. Cual perfectos extras de películas
baratas se han ido adelantando para aplaudir al paso de la serpiente multicolor
repetidas veces.
Al entrar en la provincia de
Castellón me siento aliviado. La pareja de la Policía de Tráfico con su
uniforme verde y sus motos poderosamente negras esperan dos horas ya al
pelotón. Nadie diría que bajo esos uniformes verdes se esconden verdaderos
ángeles de la carretera. Los saludo cordialmente y les paso la mano por la
cabellera con una suave brisa. Hay una parada tras una cuesta. Un coche de
Danone se acerca solícito y todos toman su buena ración, menos la “poli”. En
Segorbe, ya muy cansados, parada y fonda. Se reagrupa el pelotón. Las primeras
malas caras. Los exámenes y unos días de vacación han roto el ritmo de entrenos
y algunos ya no pueden con su alma. ¿Tendrán razón los pesimistas? Al ver
aquellas caras, bajo un sol de justicia, al medio día, en Segorbe se vuelve a oír
el estribillo: “Locos… ¿A Santiago en bicicleta y por Pamplona…? No pasáis el
Ragudo”.
-
Pues lo pasaremos esta tarde en bici, a pie o
como sea-, responde un amoscado mientras engulle el azúcar, la fruta, el agua y
el limón.
Resuena en el aire la advertencia
del Sr. Raga: “No bebáis más que una clase de agua mineral sin gas en todo el
viaje”. Todas mis amonestaciones resultan inútiles. Allí todo el mundo bebe lo
que le ponen delante. El limón y el azúcar hacen el resto.
Reemprendemos la ruta. La carretera
arde. En Jérica un grupo se detiene a comprar. En cabeza no se enteran. Unos
cuantos llegan a Viver con la policía que está mosca por la espera de dos horas
y por esta rotura de pelotón. En Viver hay riquísima agua fresca. Unas buenas
señoras la ofrecen de sus casas. Los ciclistas, a la sombra, por las aceras,
sentados. El alguacil del pueblo se acerca. Recado del Sr. Cura: “Duchas
preparadas en la Casa Rectoral. Comida apalabrada en un restaurante con piscina
preciosa sombra”. Les acompaño. Comen bien por 70 pts. Cubierto: chuletas,
ensalada, vino y cerezas. Tras la comida, el apetecido descanso. La siesta. El
repaso de las bicicletas. Los primeros masajes a unos músculos convertidos en
piedras.
A las 5, puntualmente, guiados
por la pareja de la Guardia Civil de Tráfico, salen de Viver. Comienzan a sudar
las primeras rampas. El equipo aún no está bien conjuntado. Siempre hay algún
muchacho que quiere alardear de sus fuerzas. Pronto comienza el Ragudo. El
grupo se deshace. La norma es “esperar en la cumbre subiendo cada uno a su
ritmo”. Al poco rato hay algunos que se apean de la bicicleta. Otros toman el
campo través subiendo por la recta con la bici al hombro. En la cumbre,
balance: han coronado el puerto sin bajar de la bicicleta José Martínez Gómez,
Manuel Carbonell y Ángel Fabregat.
Reunido el equipo, se enfila la
recta suavemente descendente hacia Barracas. Se rueda a gran velocidad, como
para vengarse de la humillación sufrida. La furgoneta nos adelanta. Vuelve a
recoger la caja de herramientas que han reclamado mis ciclistas desde Viver. Un
coche del Colegio la trae a los pies del Ragudo con las piezas de espuma para
el suelo. El Sr. Alcalde de Barracas nos acoge. Yo no necesito descanso, pero
estos muchachos y sus profesores están para el arrastre. Preparan la cena. Se
hace una mesa redonda que resulta un “suelo redondo” en la escuela del pueblo.
Se repasa la etapa, los fallos, los aciertos y, con propósitos de mejora, y
tras una breve oración se echan a dormir sobre el duro suelo. Es un sueño un
tanto inquieto, porque duelen las costillas y las caderas, todos los huesos que
tocan el suelo en durísimo punto de apoyo. Pero las respiraciones son
profundas, de cansancio, juventud, satisfacción y gracia de Dios. Yo, el Ángel
de la Peregrinación doy fe de ello. Y no me resisto a copiar unos versos que he
visto a Ángel en un momento de tranquilidad tras el aseo personal y los
masajes:
EL RAGUDO: Cuesta arriba los
forzados / por una cinta de fuego / de alquitrán hirviente, -lava- / van
subiendo por los cerros: / cerros de empinadas cuestas, / duros cerros
verdinegros. / Todos comienzan la cuesta, / pocos terminan los cerros, / todos
suben, muchos bajan, / todos llegan muy deshechos: / los que coronan la cima /
sonríen con gran contento. / Los guardias que nos escoltan / lo que ven no
creen cierto, / porque admiran a estos chicos / que llevan bien pelo en pecho,
/ aunque tenga trece años / el que parece más tierno. / En la cena algunas
niñas / nos ayudan en el pueblo. / Hemos llegado a Barracas: / el señor Alcalde
es bueno.

Como escribió D. Luis Gil, de su puño y letra, en el "Libro de Oro de la Peregrinación": "Valencia - Santiago: Gran hazaña del cicloturismo valenciano" Seguiremos la ruta para avivar nuestros recuerdos...Gracias, Ángel.
ResponderEliminarGracias, Pepe. Continuará hasta completar la historia o memoria personal de algunos que entre todos podemos llegar a algo serio, a una verdadera Historia de unos alocados entusiastas. Un abrazo.
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