domingo, 6 de septiembre de 2020

VIAJE VALENCIA-SANTIAGO: ESTANCIA EN PAMPLONA

 CRÓNICA DE LA ESTANCIA EN PAMPLONA a cargo del Ángel de la guarda. (El ángel narra el día de descanso en Pamplona: 7 de julio, San Fermín. Primer Encierro visto desde el Ayuntamiento)

Los ángeles Sagrario y María Teresa vendrán a recoger a los chicos. Narciso despierta a Ángel a las 5.45. Ángel despierta a los que duermen. Yo revoloteo por los pasillos, inquieto. A las 6 desayuno con Narciso. A las 6,15, con Narciso, Sagrario y María Teresa, salen todos vigilados por mí hacia el Ayuntamiento. Llegan a tiempo. Ocupan -¡privilegio!- el balcón presidencial desde el que se disparó el cohete (“chupinazo”). Algunos, en el balcón de Sagrario que da sobre la Cuesta de Santo Domingo pueden ver otra perspectiva. La gente canta, las pandillas bailan, hay nerviosismo. Suena el reloj de San Cernin. Estalla el cohete de los corrales. Comienzan las carreras calle arriba. Pronto se ven subir los toros y, entre sus astas, los mozos. Un americano de pantalón corto parece que va empitonado por el sobaco. Se lleva un trompazo extraordinario, tras haber sido arrastrado unos cuantos metros. Narciso explica que no ha sabido echarse al suelo cuando debía. Hay miedo. No ha sido grave. Bajamos a la plaza.

Encontramos a Roncal, Ría, familia Churio. Nos divertimos con un tal Aristu que se mete con la barba de Ángel y que tiene una gracia extraordinaria. Se quiere hacer pasar, con su sombrero de jipi por “estonio” de Estonia. Se ríe con una boca inmensa y una risa comunicativa. Por la tarde le verán un grupo de chicos con su mujer y sus cinco preciosos hijos y el mismo buen humor, pero sin hacerse pasar por borracho. De borracho no tiene nada. Estoy seguro, aunque como ángel no me haya emborrachado nunca.

Nos vamos con los hermanos Churio. Familia estupenda. Cantamos, bebemos, tomamos chocolate, visitamos la Catedral y su Museo. Hay dispersión. Yo me voy hacia arriba para ver a todos. Unos van a dormir a la Residencia. Otros van a ver la procesión de San Fermín. Otros deambulan más o menos interesados. Hacia las 12 los hermanos Churio llevan a Pellicer al S.O.E. Definitivamente no hay miedo de apendicitis.

En la Residencia, junto al río, unos cuantos hacen la paella para todos. Sale buena. Ensalada, paella y jamón. Todos, ciclistas y obreros, comen como lobos. Les gusta. Por la tarde los chicos salen al cine o a ver las peñas que salen de la Plaza de Toros. Vicente Chaqués y alguno más van a ver con el Cate a D. Feliciano. No está. Su madre se alegra y queda contenta de la educación del que subió a saludarla: Vicente.

Tenemos reunión. Reunión de paz y de reflexión. Parecen ángeles. Misa. Uno de los obreros, simpático él, que ayer iba demasiado alegre, ofrece puros muy secos y buenos a todos. Otra vez tengo envidia de los hombres que pueden tragar el humo y experimentar esa sensación tan particularmente inútil. ¡Y pagan para eso! Los chicos agradecen el puro, pero muy pocos lo consumen entero. Se ve que es fuerte. Tras la cena, pronto todos a dormir. Lo siento: hoy no hay versos. Ángel ha guardado la inspiración para mañana.

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