miércoles, 4 de noviembre de 2020

DECIMA ETAPA VALENCIA – SANTIAGO

 DECIMA ETAPA VALENCIA – SANTIAGO, a cargo de los Pepes, Pep de L’HORTA

CALZADA DE LOS MOLINOS-CORBILLOS DE LA SOBRARRIBA

-¡A  tierra! ¡A tierra! ¡Que pinchamos todos!

-¡Menudo camino de cabras! ¡Por eso no está en el mapa!

-Teníamos que haber seguido por la carretera hasta León, total son cinco kilómetros.

- A ver si ese pueblo está desierto, porque esta “autopista” parece abandonada…

-¡Ca, hombre!

¿No ves que se han entretenido afilando las piedras una a una?

Con estos certeros raciocinios avanzamos a pie, bicicleta en ristre, sorteando como podemos las profundas simas y los encrespados riscos, que componen el camino en acrisolado mosaico.

Corbillos de la Sobrarriba, al parecer, ha sido olvidado en los voluminosos legajos de los planes de desarrollo. Menudo poblacho y menudos trogloditos – si los hay- deben esperarnos…

La moral y los pies destrozados, las perspectivas sombrías y unos densos nubarrones preludian un triste fin de etapa. De pronto…

-¡Vivan los héroes!

-¡Bien por los ciclistas valencianos!

-¡Viva Valencia!

- Creíamos que no llegabais. ¡Ánimo!, valientes, llevamos tres horas esperando.

Estos atronadores vítores y ruidosos aplausos nos sobrecogen al doblar la última curva. Y nuestro asombro aumenta al contemplar entre el público numerosas preciosidades, cuya belleza y modernos atavíos creíamos imposibles en tan incomunicados parajes. ¡Esto es el paraíso!

-Ya está todo organizado - oímos -. Dejad ahí las bicicletas.

-Venid conmigo, que os voy a repartir por las cuatro duchas que tenemos en el pueblo.

- Traed aquí toda la ropa sucia, que la lavamos ahora mismo.

- Eso, eso. Y nosotros, mientras, os preparamos la cena.

- Aturdidos por tanta amabilidad, nos dejamos conducir por tan maternales manos.

 Convenientemente deshollinados y desinfectados, con una buena medida de tintorro en el cuerpo, entramos en la casa dispuesta para nuestra cena.

Sobre los limpios manteles, las frescas flores palidecen de envidia ante la gracia y simpatía de nuestras amigas que se desviven por servirnos la picante sopa del país y demás ricuras al son de armonizados cantos regionales.

Acude la gente del pueblo para contemplar el gran espectáculo de nuestra voracidad sin límites. Juerga que todos continuamos en un improvisado teatro, contribuyendo cada quisque con escogidas astracanadas hasta bien entrada la noche.

Entonces, los vecinos se nos disputan. Todos quieren ofrecernos un lecho. De quienes huérfanos de ciclistas, vuelven de vacío.

Bien zambullidos en las blanduras del colchón y mejor arropados entre los almidonados encajes, prometemos de por vida no prejuzgar a los lugares y sus habitantes por el desarrollo de la infraestructura, entregándonos esta vez al sueño de los injustos.

Ya, de mañana, nadie quiere irse, pero la visita a León y a sus tesoros es inexcusable, como inexcusable el descarado pago que nos exigen en taquillas por admirar y elogiar cierto monumento.

-         Caballero, tenga Vd. En cuenta que este edificio fue levantado por Ordoño II, se nos responde.

-         -¿Ah, sí? ¿Y en la bula de fundación también daban permiso para ordeñar a la gente?


                                                                                      Pep de l’horta

 

 

CRÓNICA DE LA DECIMA ETAPA a cargo del Ángel de la guarda (El ángel narra la 10 etapa, 11 de julio).

Un mes más tarde, 11 de julio, Domingo.

Cordial despedida de Calzada tras levantarse, hacer limpieza y las fotos de rigor. Mientras esto sucede, Ángel se escapa a casa de Isabelino, el magnífico joyero. Les sorprende la conversación:

-         Isabelino, esto es magnífico.

-         Es mi obra. Pongo todo lo que tengo. Fui herrero. Me he lanzado por caminos nuevos.

-         ¿Esta pulsera?

-         Inspirada en el paisaje lunar. Me han llamado loco.

-         ¿También? A nosotros por proponernos ir a Santiago en bici.

-         ¿Qué le vamos a hacer? Yo creo que llegaréis. Como creo que estoy en una línea moderna, sincera y que produce belleza.

-         ¿Éxitos?

-         Vico feliz aquí. No me gusta la gran ciudad. Aquí hay calma. El tiempo no te envuelve. Dominas el tiempo y la vida. Discurre todo sosegadamente. El trabajo se redondea.

-         Te he preguntado por tus triunfos, Isabelino.

-         Mi mayor triunfo, por ahora, es no tener ambiciones de triunfo fáciles, ni de nombre. Vivo en Calzada. Este año pasado en Valencia me dieron un segundo premio en la feria del metal que igual podía haber sido el primero, sin quitarle mérito al que ganó.

-         ¿Qué tal Valencia?

-         Me gusta mucho. Lástima que con tanta idea brillante y siendo la primera indiscutible en muebles y joyería pierda tal vez las exposiciones de las que es cuna por dormirse en los laureles. Hay muchos expositores que se irán a Barcelona por encontrar mejor organización. Me parece, y no me lo tomes a mal, que en Valencia tenéis muy buena gente, pero falta organización y cuidado de los detalles. Pasa como con la ciudad. Podría ser bellísima y no está suficientemente cuidada. Es una lástima.

Viendo las joyas y hablando de un posible cáliz que costaría 20.000  pts  pero que sería una joya en el mercado se podría vender por 100.000 pts honradamente y en la que Isabelino volcaría todo su arte, que es mucho, se les pasa el tiempo. Les inspiro un buen pensamiento de que corten para que no se impacienten los chicos.

Almuerzo en Calzadilla. Bien. Se rueda a 30 kms por hora. Todo casi llano en un páramo de 900 metros de altitud sobre el mar. Tierras de Palencia. Parada y visita en Sahagún. Ángel deja la bici al sol. Se emociona almorzando con cierta glotonería y visitando monumentos: ruinas cluniancenses, iglesias…Al volver para iniciar la marcha tiene las dos ruedas reventadas. Jaime Giner, con avería, y él se quedan a la salida de Sahagún. Bello paraje. El pelotón y la furgoneta siguen. Tras dos horas de infructuosas pero descansada espera los recoge un chico danés, comerciante en embalajes de pescado congelado que va a León a encontrarse con su novia, española. El es indiferente y no le gusta la religión española. Le preocupa la indisolubilidad del matrimonio por si se equivoca. Ángel intenta aclararle algunas ideas. No sé aún si lo ha conseguido. El danés habla muy bien el español. Es descreído, indiferente, pero se ha portado como buen samaritano cargando con dos bicicletas y dos ciclistas en día de domingo. Señor, ténselo en cuenta, aunque tenga dudas. En Matallana los chicos están comiendo. Pasa como una flecha el coche danés con el Cate y Jaime a bordo. El danés hace gesto de parar, Ángel le dice que siga. Los chicos no se dan cuenta de que han pasado. Los del coche siguen hasta León. Ni ven el letrero indicador de Corbillos de la Sobrarriba a la derecha de la carretera y a 5 Kms de León. Los chicos  preocupados por los del coche. Angel ha patinado al pasar de largo sin avisar. Mientras los de Matallana aguardan a que la comida sea preparada en un horno- es domingo y todo está cerrado-  los del coche han llegado a León y han buscado el Colegio Salesiano de Huérfanos de Ferroviarios.

Desde el portero al Sr. Director D.Emilio Corrales les tratan magníficamente. Les dan el cuarto del Sr.Inspector para que puedan bañarse. Luego el Sr. Director les acompaña al comedor y les proporciona una excelente comida que ambos devoran con gusto. Ven el Tour en TV. Salen por León acompañados por dos salesianos jóvenes muy amables. Es domingo y todo el mundo se maravilla de ver aquellos ciclistas en bicicleta. Al pasar los ciclistas oyen que a sus espaldas se lee sin disimulo:” Salesianos”: es el letrero de la espalda. Visitan la maravillosa Catedral de León, S. Isidoro. El Hostal San Marcos. Admiran- yo también- la urbanización de la ciudad tan bien hecha. Vuelven al Colegio  y meriendan. Mientras tanto en Corbillos la gente está de fiesta esperando a los ciclistas. Chicos maduros y viejos, todos esperan con ilusión, una, dos, tres horas. Piensan que ya no llegarán. Hacia las 6 van a irse o ya se han ido bastantes cuando llega la furgoneta. Luego los ciclistas. Corre la voz. Son acogidos extraordinariamente. Los de Sahagún no han llegado. Mientras las buenas mujeres de Corbillos organizan la limpieza de equipajes y aseo personal de los ciclistas la furgoneta sale hacia Sahagún. Es inútil que yo sugiera al oído de Pepe: Están en León. Se pone a llover. Hay tormenta. Al poco rato llegan en taxis Jaime y Ángel. Más tarde vuelve la furgoneta. Anochece. Se va la luz. Misa con homilía chusca de Luis. Se habla de la Palabra de Dios y de las   sopas de ajo que les están preparando algunas mujeres. Vuelve la luz. Tormenta pasada. Barro y oscuridad en las calles. Alegría en todos. Cena a base de sopas de ajo, vino, huevos fritos con patatas fritas y leche. Se organiza una fiesta. Vuelve el Dr. Ganon a hacer las delicias de todos. Durante la cena hemos tenido una sorpresa: mientras los chicos cenaban, las chicas que servían se han puesto a cantar a voces cantos típicos de León. Lo han hecho muy bien. Algo que avergüenza a los que tienen más sensibilidad entre los ciclistas porque cantan el himno del Valencia pero muy mal y más si se compara.

CORBILLOS junto a León/ Corbillos de Sobrarriba/ por donde vas a Valdefresno/ una carretera antigua, / apenas si tienes calles/ llenas de barro en llovizna,/ tus mujeres aun responden/ a los nombres de María./ Gentes humildes que ríen,/ gentes buenas y sencillas/ que nos ofrecen sus sopas/ de ajo y las patatas fritas/ con huevos, fruta y canciones/ a voces llenas y limpias,/voces que, bien acordadas,/ son en la noche más íntimas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario