DECIMA ETAPA VALENCIA – SANTIAGO, a cargo de los Pepes, Pep de L’HORTA
CALZADA DE LOS MOLINOS-CORBILLOS DE LA SOBRARRIBA
-¡A tierra! ¡A
tierra! ¡Que pinchamos todos!
-¡Menudo camino de cabras! ¡Por eso no está en el
mapa!
-Teníamos que haber seguido por la carretera hasta
León, total son cinco kilómetros.
- A ver si ese pueblo está desierto, porque esta
“autopista” parece abandonada…
-¡Ca, hombre!
¿No ves que se han entretenido afilando las piedras
una a una?
Con estos certeros raciocinios avanzamos a pie,
bicicleta en ristre, sorteando como podemos las profundas simas y los
encrespados riscos, que componen el camino en acrisolado mosaico.
Corbillos de la Sobrarriba, al parecer, ha sido
olvidado en los voluminosos legajos de los planes de desarrollo. Menudo
poblacho y menudos trogloditos – si los hay- deben esperarnos…
La moral y los pies destrozados, las perspectivas
sombrías y unos densos nubarrones preludian un triste fin de etapa. De pronto…
-¡Vivan los héroes!
-¡Bien por los ciclistas valencianos!
-¡Viva Valencia!
- Creíamos que no llegabais. ¡Ánimo!, valientes, llevamos
tres horas esperando.
Estos atronadores vítores y ruidosos aplausos nos
sobrecogen al doblar la última curva. Y nuestro asombro aumenta al contemplar
entre el público numerosas preciosidades, cuya belleza y modernos atavíos
creíamos imposibles en tan incomunicados parajes. ¡Esto es el paraíso!
-Ya está todo organizado - oímos -. Dejad ahí las
bicicletas.
-Venid conmigo, que os voy a repartir por las cuatro
duchas que tenemos en el pueblo.
- Traed aquí toda la ropa sucia, que la lavamos ahora
mismo.
- Eso, eso. Y nosotros, mientras, os preparamos la
cena.
- Aturdidos por tanta amabilidad, nos dejamos conducir
por tan maternales manos.
Convenientemente deshollinados y desinfectados,
con una buena medida de tintorro en el cuerpo, entramos en la casa dispuesta
para nuestra cena.
Sobre los limpios manteles, las frescas flores
palidecen de envidia ante la gracia y simpatía de nuestras amigas que se
desviven por servirnos la picante sopa del país y demás ricuras al son de
armonizados cantos regionales.
Acude la gente del pueblo para contemplar el gran
espectáculo de nuestra voracidad sin límites. Juerga que todos continuamos en
un improvisado teatro, contribuyendo cada quisque con escogidas astracanadas
hasta bien entrada la noche.
Entonces, los vecinos se nos disputan. Todos quieren
ofrecernos un lecho. De quienes huérfanos de ciclistas, vuelven de vacío.
Bien zambullidos en las blanduras del colchón y mejor
arropados entre los almidonados encajes, prometemos de por vida no prejuzgar a
los lugares y sus habitantes por el desarrollo de la infraestructura,
entregándonos esta vez al sueño de los injustos.
Ya, de mañana, nadie quiere irse, pero la visita a
León y a sus tesoros es inexcusable, como inexcusable el descarado pago que nos
exigen en taquillas por admirar y elogiar cierto monumento.
-
Caballero,
tenga Vd. En cuenta que este edificio fue levantado por Ordoño II, se nos
responde.
-
-¿Ah, sí? ¿Y
en la bula de fundación también daban permiso para ordeñar a la gente?
Pep de l’horta
CRÓNICA
DE LA DECIMA ETAPA a cargo del Ángel de la guarda (El ángel narra la 10 etapa, 11
de julio).
Un mes más
tarde, 11 de julio, Domingo.
Cordial
despedida de Calzada tras levantarse, hacer limpieza y las fotos de rigor.
Mientras esto sucede, Ángel se escapa a casa de Isabelino, el magnífico joyero.
Les sorprende la conversación:
-
Isabelino,
esto es magnífico.
-
Es
mi obra. Pongo todo lo que tengo. Fui herrero. Me he lanzado por caminos
nuevos.
-
¿Esta
pulsera?
-
Inspirada
en el paisaje lunar. Me han llamado loco.
-
¿También?
A nosotros por proponernos ir a Santiago en bici.
-
¿Qué
le vamos a hacer? Yo creo que llegaréis. Como creo que estoy en una línea
moderna, sincera y que produce belleza.
-
¿Éxitos?
-
Vico
feliz aquí. No me gusta la gran ciudad. Aquí hay calma. El tiempo no te
envuelve. Dominas el tiempo y la vida. Discurre todo sosegadamente. El trabajo
se redondea.
-
Te
he preguntado por tus triunfos, Isabelino.
-
Mi
mayor triunfo, por ahora, es no tener ambiciones de triunfo fáciles, ni de
nombre. Vivo en Calzada. Este año pasado en Valencia me dieron un segundo
premio en la feria del metal que igual podía haber sido el primero, sin
quitarle mérito al que ganó.
-
¿Qué
tal Valencia?
-
Me
gusta mucho. Lástima que con tanta idea brillante y siendo la primera
indiscutible en muebles y joyería pierda tal vez las exposiciones de las que es
cuna por dormirse en los laureles. Hay muchos expositores que se irán a
Barcelona por encontrar mejor organización. Me parece, y no me lo tomes a mal,
que en Valencia tenéis muy buena gente, pero falta organización y cuidado de
los detalles. Pasa como con la ciudad. Podría ser bellísima y no está suficientemente
cuidada. Es una lástima.
Viendo las joyas y hablando de un posible cáliz que costaría 20.000 pts
pero que sería una joya en el mercado se podría vender por 100.000 pts
honradamente y en la que Isabelino volcaría todo su arte, que es mucho, se les
pasa el tiempo. Les inspiro un buen pensamiento de que corten para que no se
impacienten los chicos.
Almuerzo en Calzadilla. Bien. Se rueda a 30 kms por hora. Todo casi llano
en un páramo de 900 metros de altitud sobre el mar. Tierras de Palencia. Parada
y visita en Sahagún. Ángel deja la bici al sol. Se emociona almorzando con
cierta glotonería y visitando monumentos: ruinas cluniancenses, iglesias…Al
volver para iniciar la marcha tiene las dos ruedas reventadas. Jaime Giner, con
avería, y él se quedan a la salida de Sahagún. Bello paraje. El pelotón y la
furgoneta siguen. Tras dos horas de infructuosas pero descansada espera los
recoge un chico danés, comerciante en embalajes de pescado congelado que va a
León a encontrarse con su novia, española. El es indiferente y no le gusta la
religión española. Le preocupa la indisolubilidad del matrimonio por si se
equivoca. Ángel intenta aclararle algunas ideas. No sé aún si lo ha conseguido.
El danés habla muy bien el español. Es descreído, indiferente, pero se ha
portado como buen samaritano cargando con dos bicicletas y dos ciclistas en día
de domingo. Señor, ténselo en cuenta, aunque tenga dudas. En Matallana los
chicos están comiendo. Pasa como una flecha el coche danés con el Cate y Jaime
a bordo. El danés hace gesto de parar, Ángel le dice que siga. Los chicos no se
dan cuenta de que han pasado. Los del coche siguen hasta León. Ni ven el
letrero indicador de Corbillos de la Sobrarriba a la derecha de la carretera y
a 5 Kms de León. Los chicos preocupados por
los del coche. Angel ha patinado al pasar de largo sin avisar. Mientras los de
Matallana aguardan a que la comida sea preparada en un horno- es domingo y todo
está cerrado- los del coche han llegado
a León y han buscado el Colegio Salesiano de Huérfanos de Ferroviarios.
Desde el portero al Sr. Director D.Emilio Corrales les tratan
magníficamente. Les dan el cuarto del Sr.Inspector para que puedan bañarse.
Luego el Sr. Director les acompaña al comedor y les proporciona una excelente
comida que ambos devoran con gusto. Ven el Tour en TV. Salen por León
acompañados por dos salesianos jóvenes muy amables. Es domingo y todo el mundo
se maravilla de ver aquellos ciclistas en bicicleta. Al pasar los ciclistas
oyen que a sus espaldas se lee sin disimulo:” Salesianos”: es el letrero de la
espalda. Visitan la maravillosa Catedral de León, S. Isidoro. El Hostal San
Marcos. Admiran- yo también- la urbanización de la ciudad tan bien hecha.
Vuelven al Colegio y meriendan. Mientras
tanto en Corbillos la gente está de fiesta esperando a los ciclistas. Chicos
maduros y viejos, todos esperan con ilusión, una, dos, tres horas. Piensan que
ya no llegarán. Hacia las 6 van a irse o ya se han ido bastantes cuando llega
la furgoneta. Luego los ciclistas. Corre la voz. Son acogidos
extraordinariamente. Los de Sahagún no han llegado. Mientras las buenas mujeres
de Corbillos organizan la limpieza de equipajes y aseo personal de los
ciclistas la furgoneta sale hacia Sahagún. Es inútil que yo sugiera al oído de
Pepe: Están en León. Se pone a llover. Hay tormenta. Al poco rato llegan en
taxis Jaime y Ángel. Más tarde vuelve la furgoneta. Anochece. Se va la luz.
Misa con homilía chusca de Luis. Se habla de la Palabra de Dios y de las sopas de ajo que les están preparando
algunas mujeres. Vuelve la luz. Tormenta pasada. Barro y oscuridad en las
calles. Alegría en todos. Cena a base de sopas de ajo, vino, huevos fritos con
patatas fritas y leche. Se organiza una fiesta. Vuelve el Dr. Ganon a hacer las
delicias de todos. Durante la cena hemos tenido una sorpresa: mientras los
chicos cenaban, las chicas que servían se han puesto a cantar a voces cantos
típicos de León. Lo han hecho muy bien. Algo que avergüenza a los que tienen
más sensibilidad entre los ciclistas porque cantan el himno del Valencia pero
muy mal y más si se compara.
CORBILLOS junto a León/ Corbillos de Sobrarriba/ por donde vas a
Valdefresno/ una carretera antigua, / apenas si tienes calles/ llenas de barro
en llovizna,/ tus mujeres aun responden/ a los nombres de María./ Gentes
humildes que ríen,/ gentes buenas y sencillas/ que nos ofrecen sus sopas/ de
ajo y las patatas fritas/ con huevos, fruta y canciones/ a voces llenas y
limpias,/voces que, bien acordadas,/ son en la noche más íntimas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario