DÉCIMOTERCERA ETAPA VALENCIA – SANTIAGO, a cargo de los Pepes, Pep de L’HORTA
SAMOS- ARZÚA
Entre los puertos, el trasnoche y el penoso y escaso
descanso de ayer, la bici nos parece de plomo macizo. Los llanos semejan
cuestas, las cuestas son un infierno.
-¡ Al infierno los pedales, yo no sigo ! A ver si
paráis un poco…
- ¿Acaso crees que vamos a tanta velocidad? Mira, mira como nos pasa ese carro…
El equipo muestra hoy una completa uniformidad. De lo
más profundo de nuestro ser emerge un deseo unánime: ¡ Pinchar! Y ser recogido
por el coche escoba. Pero sólo el pequeño Daniel, de ocho arrobas de peso,
logra escachar sus ruedas, ya melladas de radios. La astuta jugada no le da
resultado. Como la furgoneta tarda y el hambre azuza, ha de seguir a pie…
- - Bueno, ¿
pero paramos ya, o no?
- - Aguantad un poco, que en cuanto lleguemos al próximo pueblo pararemos a comer el típico caldo gallego. Dicen que resucita a los muertos…
Así es. No sólo el caldo, sino
también el lacon que nos sirven en Guntín resulta un apropiado combustible para
nuestros desfallecidos ánimos. Juntamente con la soberana siesta que se dan
algunos bajo los árboles.
A la llegada a Palos del Rey, nuestra meta de
hoy, y, en vista de la parcial recuperación del grupo, decidimos
adelantarnos hasta Arzúa, a 35 km. de
Santiago.
Pero antes de reanudar la marcha queremos
excusarnos ante el Sr. Alcalde, al cual, como a todos, habíamos escrito desde
Valencia.
- Por favor, ¿ el Ayuntamiento?
- En ese edificio de ahí, pero por
las tardes está cerrado.
- ¿Y dónde vive el Sr. Alcalde?
- Él regenta la oficina de Correos
que está en aquella esquina.
- Entonces seguro que nuestra carta
ha llegado a su destinatario.
- !Estarán Vds. contentos con un
Alcalde que presta unos servicios tan útiles para el municipio!
-¡Ya lo creo! Como que además es
fabricante de cajas mortuorias…
En la oficina, donde también
almacena sus estuches, no lo encontramos. Nos indican que éramos esperados y
que incluso habían dispuesto alojamiento para nosotros. Con mucho sentimiento
le dejamos una esquela entre los ataúdes despidiéndonos y agradeciéndole su
deferencia.
Al llegar, Arzúa está festivamente
engalanada: banderolas, luces, altavo ces, estridentes gaitas y trajes de
domingo.
-
¡Xe, mira !
¡ Qué recibimiento ! ¿ Cómo se habrán esterado
de nuestra llegada?
-
¡Viva!
¡Viva! San Roque nuestro patrón ! siguen gritando, cuando aparece – ¡oh,
decepción¡ - la venerada imagen por una
esquina.
El Sr. cura nos ofrece para dormir la sacristía, donde, influenciados por el santo de hoy, nos quedamos “roques”
Pep de l’horta
CRÓNICA DE LA DECIMOTERCERA ETAPA a cargo del Ángel de la guarda (El ángel narra la 13 etapa, 15 de julio).
Un mes más
tarde, 15 de julio, miércoles.
Unos cuantos
van a la misa conventual. Luis y Ángel concelebran. Anoche estuvieron visitando
el magnífico reconstruido monasterio. La comunidad da pobre impresión, en
cantidad y calidad. Los cantos en castellano, ya pasados de moda, decepcionan a
los míos. Yo veo la buena voluntad. Pero ellos no son ángeles, Señor. ¡ Cómo se
van a meter frailes viendo esos panoramas! Muy simpático y sencillo el
sacristán. Tras un almuerzo un tanto suculento se sale hacia Sarria. Pronto se
notan los efectos de la etapa anterior. Hay mucho cansancio y se ha descansado
mal. Subidas que agotan y bajadas que pasan volando se suceden sin parar.
Averías. Carbonell cae aparatosamente tras pinchar en la bajada a Puertomarín.
Afortunadamente ha podido frenar un poco y no es grave.
Puertomarín es bellísimo. La comida en Gantín.
Larga y desconfiada preparación en una casa de comidas de típicos gallegos. Por
fin comen con una hora o dos de separación entre la ensalada y el “caldo”
gallego. La furgoneta se ha parado. Se calienta mucho y se ha quedado sin agua.
Sienta mal la comida a Estela. Lo notará más tarde. Mucha sardina de escabeche
y no gusta el caldo y el tocino.
Llueve.
Vuelve el sol. Por la tarde con mucha pena se llega a Palas. Los encargados
buscan al Sr. Alcalde. No lo encuentran. Luego lo lamentarán porque partirán y
más tarde se enterarán de que había duchas preparadas. Daniel Tormo sufre tres
avería seguidas. Se queda con Giner y Aparisi. El resto sigue viaje. Llegan a
Mollid. Se animan a continuar a pesar del cansancio y malestar. Llegan a Arzúa.
Fiestas. Los chicos y yo también, claro, hemos visto ya varios coches de
Valencia. En Arzúa, mientras cenan, llegan los padres de Alberto Asunción con
los niños. Cuando van a dormir, los padres de Jaime Giner. Duermen los
ciclistas en un salón parroquial. Los padres, llegados, en alguna fonda. Pepe
Estela se pasa la noche levantándose a vomitar. Se ve que el tocino gallego le
ha sentado malísimamente. O el calor. O todo junto.
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