SONETO RUBENDARIESCO A RUBÉN PLAZA, CAUPOLICÁN DEL CICLISMO.
Seguí la vuelta a España como había seguido el Tour y había
gozado con la hazaña de Gap. Igualmente gocé muchísimo viendo llegar destacado
a Tarazona al portugués del Lampre-Mérida, el joven contrarrelojista Oliveira,
mientras Rubén frenaba a todos los que querían salir a por él. Hizo con su
compañero y amigo lo mismo que Induráin hizo con su compañero y amigo, Olano,
en aquel Campeonato Mundial de Ciclismo en Carretera en Colombia. Iniciamos, mi
mujer y yo, un viaje de dos semanas por Italia y no pude seguir más en las
televisiones de los hoteles donde estuvimos La Vuelta a España, a pesar de ser
líder Aru en algunas etapas y amenazar con ganar la Vuelta, tal como sucedió
finalmente. Por eso, en Roma, no pude ver ni saber cómo había quedado Rubén en
la contrarreloj. Luego he sabido, al llegar hoy a España, que le superaron
corredores no especialistas, pero cada vez mejores contrarrelojistas, como
Alejandro Valverde o Nairo Quintana.
El sábado, 12 de septiembre, en el que se decidió la vuelta,
en la gran etapa 20ª, que terminaba por El Escorial, (luego supe que Rubén
ganaba heroicamente, tras 117 kilómetros de escapada), yo estaba con mi mujer
acabando la visita al gran monasterio de Montecasino, cuna de Europa, de los
benedictinos y lugar de tragedia en la última guerra mundial. Mientras Rubén
debía estar haciendo los últimos y más duros esfuerzos, yo estaba hablando de
él con un joven ciclista, vestido de Lampre, que había subido los nueve
kilómetros de dura ascensión para entrenarse. Aquella noche en el telediario vi
a Rubén entrar triunfante en la meta, como había sucedido unas semanas antes en
Gap, en otra memorable etapa. Los otros grandes se peleaban por detrás en busca
del liderato y de la victoria final en La Vuelta a España. Por eso, lo celebré
aquella misma noche, del doce al trece de septiembre, con este soneto al estilo
de Rubén Darío (Caupolicán y la Marcha Triunfal). Lleva un cuarteto alejandrino
como prólogo. Y dice así:
Tu madre,
fuerte, inmensa; tu padre, siempre al lado;
Tu esposa
sosegándote; tu hijo, de aguijón.
Así hoy has encontrado
la densa confianza
De ser,
digno en la meta, “El Toqui” vencedor.
Con grande
fortaleza, con épica de antaño,
Con la
ilusión madura de experto en el pedal,
En la
temible etapa, del pelotón de hogaño
Venciste a
los mejores en tu “marcha triunfal”.
Hace tiempo
tuviste un día parecido,
Ensayo de
este triunfo de “tamaño Escorial”:
La proeza
soñada con gozo contenido,
Venciendo y
convenciendo, “Caupolicán” genial.
Los tuyos,
tus amigos, los que te fuimos fieles,
Cuando de
forma absurda no pudiste correr
Ni en Tours
ni en Mundiales, sabemos que las mieles,
La admiración
de siempre podémoste ofrecer
Compartiendo
tus triunfos, tu gloria y tus laureles,
“El Toqui”
del ciclismo, Caupolicán “ibier”.
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