domingo, 20 de septiembre de 2015

SONETO A RUBÉN PLAZA POR SU VICTORIA EN EL ESCORIAL.

SONETO RUBENDARIESCO A RUBÉN PLAZA, CAUPOLICÁN DEL CICLISMO.
Seguí la vuelta a España como había seguido el Tour y había gozado con la hazaña de Gap. Igualmente gocé muchísimo viendo llegar destacado a Tarazona al portugués del Lampre-Mérida, el joven contrarrelojista Oliveira, mientras Rubén frenaba a todos los que querían salir a por él. Hizo con su compañero y amigo lo mismo que Induráin hizo con su compañero y amigo, Olano, en aquel Campeonato Mundial de Ciclismo en Carretera en Colombia. Iniciamos, mi mujer y yo, un viaje de dos semanas por Italia y no pude seguir más en las televisiones de los hoteles donde estuvimos La Vuelta a España, a pesar de ser líder Aru en algunas etapas y amenazar con ganar la Vuelta, tal como sucedió finalmente. Por eso, en Roma, no pude ver ni saber cómo había quedado Rubén en la contrarreloj. Luego he sabido, al llegar hoy a España, que le superaron corredores no especialistas, pero cada vez mejores contrarrelojistas, como Alejandro Valverde o Nairo Quintana.
El sábado, 12 de septiembre, en el que se decidió la vuelta, en la gran etapa 20ª, que terminaba por El Escorial, (luego supe que Rubén ganaba heroicamente, tras 117 kilómetros de escapada), yo estaba con mi mujer acabando la visita al gran monasterio de Montecasino, cuna de Europa, de los benedictinos y lugar de tragedia en la última guerra mundial. Mientras Rubén debía estar haciendo los últimos y más duros esfuerzos, yo estaba hablando de él con un joven ciclista, vestido de Lampre, que había subido los nueve kilómetros de dura ascensión para entrenarse. Aquella noche en el telediario vi a Rubén entrar triunfante en la meta, como había sucedido unas semanas antes en Gap, en otra memorable etapa. Los otros grandes se peleaban por detrás en busca del liderato y de la victoria final en La Vuelta a España. Por eso, lo celebré aquella misma noche, del doce al trece de septiembre, con este soneto al estilo de Rubén Darío (Caupolicán y la Marcha Triunfal). Lleva un cuarteto alejandrino como prólogo. Y dice así:
Tu madre, fuerte, inmensa; tu padre, siempre al lado;
Tu esposa sosegándote; tu hijo, de aguijón.
Así hoy has encontrado la densa confianza
De ser, digno en la meta, “El Toqui”  vencedor.

Con grande fortaleza, con épica de antaño,
Con la ilusión madura de experto en el pedal,
En la temible etapa, del pelotón de hogaño
Venciste a los mejores en tu “marcha triunfal”.

Hace tiempo tuviste un día parecido,
Ensayo de este triunfo de “tamaño Escorial”:
La proeza soñada con gozo contenido,
Venciendo y convenciendo, “Caupolicán” genial.

Los tuyos, tus amigos, los que te fuimos fieles,
Cuando de forma absurda no pudiste correr
Ni en Tours ni en Mundiales, sabemos que las mieles,

La admiración de siempre podémoste ofrecer
Compartiendo tus triunfos, tu gloria y tus laureles,
“El Toqui” del ciclismo, Caupolicán “ibier”.

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